En el borde del tablero hay tres fuentes de luz de distintos colores. En cada movimiento colocas un espejo en una casilla vacía o cambias por él un espejo orientado al revés, y el espejo desvía el rayo en ángulo recto. Cuando un rayo llega a un cristal de su color, el cristal se enciende y desaparece junto con todos los espejos que hay en el camino de ese rayo. Un cristal de otro color detiene el rayo. Antes de colocar el espejo, el juego muestra bajo el ratón o tu dedo adónde irán los rayos y qué se encenderá.
Después de cada movimiento aparecen cristales nuevos, y cuanto más juegas, más llegan a la vez. La partida termina cuando los cristales nuevos ya no caben en el tablero. Encender varios cristales en un solo movimiento da más puntos que encender los mismos cristales uno a uno, y después de ese movimiento no llegan cristales nuevos.