Arreglar un fallo lleva varias veces más tiempo que escribir bien la letra: hay que darse cuenta del fallo, la mano tiene que viajar hasta Retroceso y después hay que volver a encontrar por dónde ibas. Quien comete tres fallos en una línea suele tardar más que quien escribe con calma y sin fallos.
Este ejercicio no te deja seguir con una letra equivocada. Es a propósito: escribir es cuestión de hábito, y un movimiento equivocado que se deja pasar se afianza exactamente igual que uno correcto.
Si hay un sitio concreto que se te resiste, elige un ritmo con el que ese sitio también salga bien y mantenlo durante toda la línea.
El ejercicio usa palabras largas, porque ahí es donde se nota el descuido. Una palabra corta puede salir bien por suerte; una larga, no.